Resumen de la noticia publicada hoy en el diario "El País"
La clase de nada, la que antes se llamaba Alternativa a la Religión y desde la Ley Orgánica de Educación (LOE) de 2006 se denomina Atención Educativa Debida, es una de las asignaturas que más desconcierto genera entre padres y educadores. Desde jugar al parchís o a los barcos hasta aprender Conocimiento del Medio, pasando por cante y baile local, técnicas de inteligencia emocional, hacer los deberes en silencio o suprimirla del calendario: todo cabe dentro de una materia cuya regulación legal se limita a exigir "una debida educación (...) sin reforzar el conocimiento".
Es decir, estos niños están obligados por ley a salir de la clase en la que los otros escolares dan Religión y trasladarse a una sala con un profesor que no habla de ninguna materia porque de lo contrario -opinan los autores de la orden ministerial- les colocaría en situación de ventaja con respecto a los alumnos religiosos. Según el Ministerio de Educación, ésta es una buena fórmula para garantizar el derecho de los padres a que sus hijos no sean adoctrinados en una confesión religiosa. Pero muchos educadores consideran el modo en que se ha diseñado la alternativa como un disparate pedagógico.
La Ley Orgánica de Educación (LOE), vigente desde 2006, regula cómo y cuándo debe impartirse la enseñanza religiosa en Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato y concede además la potestad a las jerarquías católica, musulmana, evangélica y judía para llenarla de contenido. Pero nada dice de la materia alternativa. Se limita a indicar que los niños no deben quedar sin tutela e insiste en que no pueden tratar ningún asunto relacionado con el currículo escolar. Por eso cada centro se convierte durante esas horas en un pequeño mundo autónomo, donde la voluntad del profesor determina si se pierde el tiempo o se ofrece algo útil al alumnado.
Algunos colegios buscan soluciones imaginativas, como los que se han puesto en contacto con la especialista Elsa Punset para enseñar técnicas de inteligencia emocional. "Es una manera fantástica de llenar esas horas, porque podemos ayudar mucho a los niños", dice la autora de Brújula para navegantes emocionales.
En el colegio privado de Madrid Ramón y Cajal, la responsable de Primaria, Amparo Cedillo, explica que a partir de este curso a los alumnos laicos se les fomentará la afición a la lectura. "Hemos seleccionado textos para que experimenten el placer de leer y aprendan sistemas de localización espacial". Algo muy similar se lleva practicando con creciente demanda desde hace dos cursos en el Instituto La Asunción de Elche.
Los más pequeños, los que tienen pocos deberes encomendados, lo pasan peor. El padre de una niña de tres años matriculada en un colegio público de Sevilla la recogía el pasado curso llorando porque la sacaban de clase junto a dos pequeños musulmanes y los encerraban a los tres en el archivo. La pequeña creía que estaba siendo castigada. Este año, se ha sumado a su pequeño grupo un niño evangelista y la profe les da puzzles para que jueguen. También han mejorado su suerte los hijos de Antonio Calvo en el colegio público Santa Ana de Cuenca. Hace pocos cursos al mayor le mandaban al pasillo. Ahora, "han encontrado un profesor majo" y plantan semillas, cuidan el jardín y usan el ordenador. Ha sido, como recalcan ambos padres, cuestión de suerte.
Y esto es precisamente lo que les indigna: constatar que el azar juega un papel decisivo en el sufrimiento o el bienestar de los menores. "Si hablamos de educación resulta, cuando menos, lamentable", dice Calvo. "¿Por qué tiene que pagar mi hija con sus lloros el engendro que han creado entre unos y otros?", remata el sevillano.